Nuestro primer articulo, un momento muy deseado! Para empezar quiero hablaros hoy un poco de Juan Romero, el corazón ecuestre de nuestra finca. Quiero hablar del hombre, de la persona y en su caso hablando del hombre ya os cuento como es el jinete porque una cosa no existe sin la otra… 

Muchos ya le conocen pero para nuestros lectores nuevos os quiero hablar de la esencia de este gran caballista. Juan es un jinete con una sensibilidad extraordinaria, un hombre con un talento que habla solo, un hombre que trabaja desde la humildad y paciente al máximo. No le hace falta presumir o usar el caballo para sentirse más importante o para llamar la atención, lo que expresa es tan verdadero que no necesita gran cosa o escena para brillar. 

Cuando el dice que el vive para el caballo, no son palabras para caer bien, palabras que suenan bonito y que luego tapan otra realidad. No, el no quiere a los caballos, los ama. Y es cierto que el dedica su vida entera a ellos, todo su tiempo, todas sus horas, si no está con ellos fisicamente, unidos con ellos en reflexion profunda está, sumergido en la lectura ecuestre y constantemente observando a si mismo para mejorar. 

A sus alumnos les deja participar en esta profundidad, cuanto más interés se le muestra, más empieza Juan a compartir sus conocimientos y de contar unas de sus infinitas anécdotas de una vida entera dedicada a la equitación. Anécdotas que hablan de infinitos caballos, momentos y experiencias compartidas con su maestro Miguel Barrionuevo, historias de espectáculos, de viajes, de caballos que no se olvidan y alumnos que han dejado una huella en su corazón. Momentos de aprendizaje, momentos de alegría, momentos de orgullo y momentos de lagrimas, dolor y despedidas.  A lo mejor os contaremos algunas aquí en nuestro blog, estoy segura que os van a encantar igual que me encantan a mi, personalmente no me canso de escucharlas. Primero tendré que pedir permiso a Juan…

Pero igual que Juan comparte sus conocimientos, igual se cierra cuando ve que el alumno está sobre todo para la foto y para presumir un ratito. Pero si se abre, se abre de verdad. Y abriéndose abre ojos. Nos enseña, y me incluyo a mi porque puedo decir con orgullo que también soy alumna suya, la equitación desde la comprensión del carácter y las posibilidades de cada caballo. En teoría sabemos todos que cada caballo es un mundo pero en la práctica tan pronto se olvida en el búsqueda de la comodidad y los resultados rápidos. He aprendido que el camino rápido no vale, ni las prisas ni la fuerza. 

Juan enseña la importancia de la base y lo lleva al hecho con cada caballo, con los caballos mayores para corregir y con los potros para formar caballos confiados que trabajan con alegría y la mente abierta porque se les ha  enseñado el camino poquito a poco. Es una alegría ver los caballos así porque así podemos conocer su personalidad y ver su alegría en vez de miedo y sumisión. En la finca, los caballos tienen la mirada clara, limpia, son caballos curiosos, confiados, bellos, caballos alegres que trabajan con ganas todos los días. Gracias a Juan. Le adoran. Y tanto. 

Susanna Reich

 

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